Pelotudos 2.0 – La victoria

Este texto es una mínima modificación del escrito hace algunos años para un medio gráfico en un material llamado papel. Por favor, hacer el favor de abstenerse de señalar de potencial ironía o hipocresía de estar subiéndolo al blog: les doy la razón de antemano.

En 2008, tras unas declaraciones del escritor José Pablo Feinmann se armó revuelo alrededor de la cuestión y comenzaron los comentarios en contra y a favor.

Creo que de nada nos sirve extrapolar las estupideces que nos propone la coyuntura púgil-política del bar haciéndonos de una lógica antinómica para pensar este asunto: manifestarse a favor o en contra de la opinión de Feinmann sobre los blogs es una pérdida de tiempo y refleja más susceptibilidades ideológico-digitales y económico-políticas que adherencias o retracciones a la idea misma.

El democratismo del que habla José Pablo Feinmann se refiere claramente a la posibilidad de que cualquiera pueda publicar sus opiniones en un medio sumamente poblado y utilizado a diario sin ningún tipo de problema (aclaremos que “cualquiera” se refiere sólo a personas con acceso a una computadora, a internet y con el tiempo de ocio suficiente como para dedicarse a ello: probablemente no haya muchos cartoneros que tengan una cuenta en Twitter o adolescentes obligadas a prostituirse que tengan posibilidad de mantener su blog actualizado). Las primeras voces de protesta ante las quejas de JPF se levantaron, justamente, blandiendo la bandera democrática y de la libertad de expresión. Aún quienes estaban de acuerdo con Feinmann no se atrevían a desafiar la bravura discursiva del término «democracia». Esto probablemente se deba a que la victoria liberal ha sido tan rotunda que ha llegado a transmutarse (como siempre sucede) en significado de bondad: la palabra «democracia» y sus derivados e híbridos significan “el bien incuestionable, la superación de todas las contradicciones y el imperio de lo único bueno y deseable”. Pareciera que es imposible cuestionar a quien reclama sus derechos en nombre de la democracia y eso es algo que tampoco a JPF se le ha escapado cuando habla de democratismo. No obstante, no estamos ahora hablando de la legitimidad de la democracia como expresión del bien común sino de qué es esto de la libertad de expresión.

Está claro para la mayoría de quienes han apoyado y criticado a JPF que los regímenes totalitarios coartan la libertad de expresión, que sólo se publican determinadas opiniones en los medios de comunicación masiva y que esto es algo indeseable. Con el surgimiento de nuevas posibilidades de comunicación massmediática que no requieren de editores ni de permisos personales de los dueños de los gigantescos medios de comunicación masiva parece que se ha encontrado un lugar de libertad expresiva (no olvidemos, sin embargo, que la “libertad” de la que se goza escribiendo blogs, haciendo comentarios, publicando nuestros perfiles es sólo circunstancial y tranquilamente mañana mismo los accionistas de las enormes compañías que poseen estos medios pueden simplemente cambiar de idea: es decir, no es la tecnología lo que está permitiendo que cualquiera diga lo que quiera, no hay nada que haga en sí más libre a un blog que a un diario). Podemos decir, entonces, que momentáneamente los medios digitales que ejemplificamos a través del blog son infinitamente más abiertos y populares que los medios gráficos, radiales y televisivos, y eso es un hecho.

Partiendo de allí tenemos, entonces, que plantearnos si en nombre de la libertad de expresión y de la facilidad que ofrece un blog para publicar nuestras ideas podemos hacer cualquier cosa. ¿Está bien que cualquiera diga lo que piensa sobre cualquier cosa? ¿Está bien el mecanismo que se utiliza para hacerlo? No creo en que cualquiera pueda opinar sobre cualquier cosa. Sí puede hacerlo en su foro íntimo y a modo de charla insustancial, pero publicar algo nos construye ante los otros (nos construye, a secas) y nos obliga a ser muchísimo más responsables. Personalmente, no sé nada sobre operaciones coronarias. Eso no me impide decirles a mis amigos que me preocupa la noticia acerca de que los betabloqueantes pueden resultar perjudiciales durante una cirugía de alto riesgo y decirles que me parece que estas drogas no deberían utilizarse hasta comprobar exactamente qué complicaciones puedan ocasionar. No obstante, sería irresponsable que publique en un blog un post en contra de la utilización de betabloqueantes durante las cirugías ya que nada serio puedo aportar sobre el asunto.

Puede que acá encontremos uno de los puntos clave: no cualquiera puede expresarse sobre cualquier cosa de forma pública, es necesario un conocimiento sobre el tema (y ya que hablamos de un medio de expresión escrita, requiere también un entrenamiento de lectura y escritura previos a la publicación de cualquier cosa). Sin embargo, nos topamos en este punto con la pregunta obvia “¿quién decide quién puede publicar y quién no?”. Es lo que, en parte, reclama Feinmann cuando critica a los blogs: pide a gritos un editor, alguien que separe la paja del trigo. El editor muchas veces hace de una colección de libros, de un diario o de un programa televisivo algo extraordinario: su capacidad de selección y coherencia editorial nos entregan un producto ordenado, homogéneo y finamente pulido, y otras tantas veces hacen mucho menos que eso y los resultados son desastrosos. Lo que sucede, y es cuando comienzan las susceptibilidades, es que el editor es una figura de poder, un censor, un filtro que no todos podemos pasar.

Una vez una importante editora dijo «el editor es imprescindible ¿se imaginan ustedes yendo a una librería y tener que elegir entre millones de manuscritos que no han pasado por el más mínimo proceso de selección?». Sería caótico, es cierto, sería muy difícil dar con algo de calidad y casi imposible encontrar un libro escrito sin errores de ortografía, coherencia, cohesión, etc. Sería trivial, por otro lado, dar ejemplos de procesos de selección que han dejado afuera a personas que con el tiempo han sido reconocidas como artistas geniales. ¿Pero es lo mismo un libro que un blog? No es lo mismo, en principio, porque son soportes absolutamente diferentes. El libro es un objeto material, asible y tiene un valor monetario (requiere dinero para su producción y cuesta dinero adquirirlo) mientras que el blog es inmaterial, gratuito y nos da la posibilidad de visitarlo un instante y huir hacia otro blog si el que visitamos no nos gusta (lo que también convierte al lector en un monstruo que debe ser alimentado constantemente con las frutas más dulces si no queremos que escape en el segundo párrafo). Así, en términos económico-espaciales se hace imprescindible un proceso de selección de textos para ser publicados como libros mientras que la publicación de un blog no genera estos problemas. Del soporte podríamos hablar mucho tiempo: sobre el tipo de lectura que puede realizarse con un libro y la que puede hacerse con un monitor, el ambiente en que se da cada una, etc. pero eso lo dejaremos para otra ocasión.

Las editoriales contemporáneas, en su mayoría, han perdido mucho del prestigio que gozaban justamente por ser exquisitas selectoras de textos debido a que se han rendido ante los intereses comerciales y publican lo que se vende y no lo que consideran literariamente interesante. ¿Que algo se lea es sinónimo de que es bueno y de que debe publicarse? Si hoy se publicaran por primera vez los textos de Borges ¿cuántos ejemplares de ese libro se venderían? Probablemente muchísimos menos que de Harry Potter, que de algún libro de Bucay, en fin. No vamos a decir que Harry sea malo, que Bucay sea una suma de sabidurías populares escritas en forma de fábula o que algunos autores se tendrían que haber dedicado un poco más a leer antes de ponerse a escribir ¿pero quién puede negar que Borges es mucho mejor y que aún así se vendería muchísimo menos y pasaría casi desapercibido? El editor es una figura necesaria en el mundo literario y más aún lo son hoy día los buenos y valientes editores y las editoriales independientes manejadas por éstos.

Podría pensarse en el blog como una posibilidad de desmentir a los inescrupulosos editores que rechazan nuestros originales, demostrando todo nuestro talento: sería verdaderamente genial. Si el blog fuera una grieta en el sistema, sería fantástico: pero no se trata en absoluto de una grieta. ¿Qué mejor que tener cientos de miles de blogs repletos de opiniones banales y propias del más estúpido, fanático y reaccionario sentido común? Nunca daremos con nada de valor, nunca encontraremos arte o inteligencia que nos propongan un mundo diferente, se perderán –nos perderemos– en la inmensidad de posibilidades desastrosas. Esto perjudica no sólo a los “viejos” que sólo publican en medios gráficos sino también a la gran cantidad de bloggers talentosos que existen. La libertad es la mayor responsabilidad de todas, no es algo que deba manosearse, masticarse y, si no cumple con nuestros deseos de forma instantánea, dejarla tirada por ahí como hacemos con los miles de volantes que recibimos en la calle, que no nos interesan en absoluto y sólo multiplican la basura en la ciudad.

Crear una editorial digital blogger que presente los blogs que considera interesantes sería una buena idea (que se me hace imposible saber si ya está siendo llevada adelante: dejamos de lado adrede los que sucede con Oblogo y, más aún, con Orsai, ya que no son exactamente a lo que nos referimos, y además, vale la pena detenernos en esas experiencias en próximas entregas, de modo específico). De esta manera alguien capaz y entrenado seleccionaría los blogs que estén bien y los firmaría, les daría su voto de confianza y los lectores podríamos ver sus listas y buscar escritores capaces. Así no se coartaría la “libertad” de quienes escriben lo que quieren y cómo quieren, pero se premiaría y ordenaría a los que determinado grupo de personas considere buenos escritores. Pero esto no es más que un paliativo, una solución práctica a un problema que la supera y excede notablemente.

La responsabilidad que conlleva tener libertad para hacer algo requiere entrenamiento y estamos ante la oportunidad de practicar. El blog, como tecnología, ejerce una fortísima tentación de irresponsabilidad: el botón de publicar está justo debajo de la caja de texto, nos invita a vomitar nuestra prosa adolescente y a publicarla no ya sin el filtro de un editor sino sin siquiera el nuestro: no hay relectura, no hay trabajo sobre el texto, no hay nada. La inmediatez que presenta un blog se puede justificar debido a que no fue pensado para textos de opinión o para textos literarios sino como un diario anti-íntimo (pero las licencias que admite un diario íntimo existen sólo porque es íntimo, cuando publicamos queremos expresar lo mejor de nosotros y no lo que sale en el momento). Cualquier tipo de dilación entre nuestros deseos de hacer públicas nuestras brillantes ideas y la publicación de las mismas se nos hace insoportable (por ansiedad y porque sabemos que mañana ya no tendrán importancia). Entonces, ¿cómo podemos esperar textos interesantes si no hay ni el más mínimo momento de pensamiento, relectura, organización de ideas?

El nombre que le hemos dado a este conjunto de textos es Pelotudos 2.0 ya que queremos pensar cómo funciona y qué significa esta nueva posibilidad (y exigencia) de que todos opinemos sobre todo, de cualquier manera, en cualquier ámbito. Para quienes no estén al tanto de por qué el “2.0” (porque sí: vale no saberlo), en resumen, es un andamiaje ideológico que sostiene la idea de “comunidad” partiendo de que la globalización ya ha ganado la guerra, busca la multiplicación exponencial de opiniones y valoraciones individuales de cada suceso en internet y exige a todo navegante ser usuario y a todo usuario, opinar o morir.

Esta primera entrega de Pelotudos 2.0 quiso plantear la problemática, en las siguientes entregas buscaremos ir más profundo. Específicamente, la próxima entrega, Pelotudos 2.0 – El hilo de Ariadna, intentará pensar el camino que se traza entre los blogs: existe un sistema editorial implícito en los blogs, cada autor recomienda otros autores y cuando uno tiene la suerte de dar con un buen blog puede seguir el camino que ha trazado su autor.

Anuncios

5 Respuestas a “Pelotudos 2.0 – La victoria

  1. Hola Leandro.

    Muy interesante el texto. Supongo que este Feinmann le podría sacar punta editorial… jajajaja, pero seria por joder la pava.

    Yo no quiero entrar en el farragoso mundo de la libertad de expresión, sus limites (si ha de tenerlos), si deja de ser libertad al ser limitada (si tiene limites), si toda expresión es libre (lo dudo mucho), si la libertad ha de tener expresión (más allá de vivirla)…

    Lo que me gustaría aportar, si es que es una aportación y no un desvarío, es mi opinión al respecto de los blog, sus contenidos y sus autores.

    Es cierto que en la mayoría de los casos (hoy hay millones de blog en la red) es este un medio de expresión personal. Y me gustaría recalcar este dato, personal, porque parece que a la gente que critica los blog comparándolos con otros medios escritos este concepto no les entra en la ecuación.

    También me gustaría añadir otro dato que a muchos Blogger les hace saltar los empastes de las muelas y a muchos otros nos ha costado años comprender y aceptar (lo uno sin lo otro es imposible desde donde yo lo veo): somos exhibicionistas. El hecho de que un medio de comunicación escrito o un libro sean públicos es el que se crean con el fin de ser vendidos al público. Esto no sucede con los blogs. Si estos son públicos es porque su autor lo quiere así ya que hay muchísimos que son privados y a los que solo se accede por invitación de su creador. Creo que esta es la gran diferencia entre los medios a los que alude en su argumento el señor Feinmann y los blogs, y creo que este es el factor que invalida dicha argumentación y el juicio posterior.

    Son pocos los casos (pocos comparando los miles de ellos entre los millones que hay) en los que un blog es informativo, educativo o propone contenidos que vayan mas allá del desahogo personal de su autor, y dentro de la palabra “desahogo” dejo una puerta abierta para que cada uno meta lo que le parezca, y en muchos de estos “blogs útiles” es muy difícil no encontrar el rastro del su autor en forma de influencia, política, filosófica o de cualquier otro tipo.

    Por esto (en síntesis que si no me extiendo hasta el infinito y mas allá) creo que juzgar los blog desde un punto de vista literario, editorial, ortográfico (hasta esto me atrevo a incluir, fíjate) o de cualquier otra manera es un ejercicio destinado a morir en la insatisfacción de quien emite dicho juicio, ya que este elemento de expresión solo puede ser valorado desde la intención de su creador y no por comparación con otros elementos que no tienen nada que ver (bueno, si, que se valen de la letra para decir algo).

    Un abrazo, Leandro.

    Wolfman

  2. Querido Wolfman, antes que nada, gracias por tomarte el tiempo de leer lo extenso del texto. Respetuosamente, discrepo con lo que decís acerca de que los que escribimos blogs somos exhivicionistas antes que escritores (aunque admito que me pareció muy interesante y que lo voy a pensar con traquilidad). Quizá vos tengas una visión menos extremista -mucho menos- con respecto a la libertad de expresión y los blogs porque siempre has escrito con el mayor de los cuidados y de los talentos. Entonces, sólo estoy suponiendo, si pensás introspectivamente y pensás en tu actividad con los blogs, no ves ahí ningún problema. De hecho, yo también señalé que hay miles de talentosos bloggers (donde, desde ya, estás incluido).
    Creo también que lo que se publica no debe ser, al menos en primer lugar, evaluado a partir de intención del autor sino de lo que el lector/espectador/etc. recibe.
    Me dejaste pensando. Gracias.
    Gran abrazo, querido amigo.

  3. Hola Leandro.

    Disculpa el retraso en responder, pero chico… ¡Se vive tan bien fuera de este círculo virtual!

    No veo discrepancia, veo más bien una opinión diferente. Además, yo la compartí hasta hace muy poco por lo que la comprendo.

    No sé cómo se debe evaluar un blog, sinceramente ni siquiera creo saber si ha de hacerse. Cuando hablaba de comparar lo hacía desde el punto de vista crítico del amigo Feinmann (que digo yo será amigo de alguien).

    Lo que sí creo, y me parece por lo que dices que ahí si coincidimos, es que el valor a lo que escribimos se lo da el que lo lee.

    Yo, cuando escribo (y más en esta última etapa) lo que hago es sacar un desahogo que de otra manera se pudriría en mi interior… y lo podrido huele fatal.
    Está claro entonces que mi intención es desahogarme, pero al exponer en público mi exabrupto lo pongo a disposición de todo aquel que lo quiera leer (creo que esta es una buena definición parcial de exhibicionismo literario), y al hacer esto ya no tiene importancia lo que yo haya querido transmitir porque lo que ocupa el primer plano es lo que siente el que lo lee.
    Por eso me encanta la poesía. Creo que es la más libre de las formas de expresión escrita porque permite al autor escribirla con una intención y al lector recibirla como le dé la gana sin que ambas actitudes hagan menoscabo la una en la otra.

    Pero a lo que iba, al carácter heterodoxo de los blogs.

    Lo interesante de estos es que dado su carácter personal recogen una individualidad que los hace incomparables, auténticos, y es por eso que no son evaluables. Y me dirás (y es un ejemplo), “joder Pablo, puedo evaluar si está bien o mal escrito, eso al menos como concepto básico”… ppppppssssssssssssseeeeeeeeee… pues vale, pero claro, es tu criterio de corrección contra el criterio de lo que el autor quiera hacer con su espacio y entonces, y siempre desde mi humilde opinión, estarías cayendo en el error que yo he apreciado en la sacada de mierda que hizo el señor Feinmann en el video.
    Esto que hacemos no es un libro comercial, ni una transmisión informativa oficial… vamos, que en la mayoría de los casos, y perdona la insistencia, es un ejercicio de exhibicionismo literario que nos desnuda en mayor o menor medida, pero que no va destinado a ser inmortal, y por eso me rechino que este hombre comparara lo que, para mí, es incomparable.

    Joder, macho, cada vez me extiendo más en los comentarios. A ver si en el próximo soy más breve.

    Un abrazo

    • Una vez te propuse hacer “literatura a martillazos” porque veníamos de no sé que cosa con Nietzsche. Ahora casi que voy a proponer “literatura en pelotas”, pero no me atrevo.
      No me convence esto del exhibicionismo y de que no esté el deseo de inmortalidad. La verdad, no lo sé. Es cierto que se comparan cosas que no son iguales, pero lo esencial, si lo hay, del libro y del blog es lo que está escrito. Eso sí se puede comparar.
      Yo no quiero hacer un cántico contra los blogs. De hecho, lo que vos escribís y muchxs de lxs amigxs que leemos en común escriben cosas que me encantan y que me perdería si no fuera por WordPress.
      Sin embargo, creo que escribí mucho porque no puedo poner en dos palabras qué es lo que me incomoda porque no lo tengo tan claro; pero hay algo que me hace ruido.
      Gracias por el aporte. ¡Vaya un abrazo enorme para allá!
      PD. Más allá de lo poco simpático que es, Feinmann es, a mi criterio, uno de los grandes escritores argentinos. Se lo conoce más por su trabajo de divulgación filosófica, pero algunos de sus libros de literatura son de las mejores cosas que yo haya leído.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s